Nouvelles du Petit Paradis en Colombie

La vie quotidienne dans le sud des Andes colombiennes

 

Lunita también escribe :

La cancha del pueblo


Nuestro "Pequeño Paraíso" se encuentra bastante cerca de la Cancha de Futbol del pueblo. Es el lugar de recreación de todos los deportistas, tanto de Santa Rosa como de las veredas contiguas. No solo juegan fútbol, sino chaza, bolas y otros juegos que nosotros no conocemos.

Un día, llegaron a visitarnos cuatro hombres que dijeron ser de la Junta de Acción Comunal de Santa Rosa. Venían en plan de hacerme una consulta jurídica. Les pregunté cómo me habían encontrado, y me respondieron:
-- Nos dijeron que preguntáramos por la "Gringa "que es Abogada y que ella podía ayudarnos.

Quedé estupefacta, pues si bien había oído que a mi marido le decía "el gringo", nunca pensé que yo, por parentezco de afinidad, me había ganado el mismo apelativo. Creía que estaba bien para mi marido como extranjero, pero no para mí que soy más colombiana que el café, o mejor que la hoja de coca, ya que soy oriunda del Putumayo.

Volviendo a la visita inesperada, me parece muy gracioso ver cómo se comporta la gente del campo con las personas que ellos juzgan superiores, sea por el dinero, por el status social, o como en nuestro caso por ser profesionales. Se los veía muy incómodos. Les dije que tomaran asiento, lo hicieron, al borde de las sillas, pero no sin antes sacarse el sombrero o las cachuchas a los que deban vueltas en las manos sin saber cómo comenzar a hablar. Parecían niños de escuela asustados, frente al profesor que no conocen.

Por fin uno de ellos dijo:
-- Entonces, Usted es la dotora abogada, que sabe de Derecho?
Les contesté afirmativamente y les pregunté en qué podía servirles. Allí comenzaron a hablar casi todos al mismo tiempo, por lo que uno de ellos dijo:
-- Es mejor que hable don Florentino que es el Presidente de la Junta.

Don Florentino empezó así:
-- Vea dotora, hace mas de 25 años que nosotros venimos jugando en ese terreno de la Cancha. Un día, de eso hace también bastante tiempo, la propietaria del lote, doña Laura nos propuso la venta, lo que se hizo con documento que ella firmó, en el que se asentó como recibidos 20.000 pesos que le dimos ese día, y que otros 20.000 pesos serían pagados a los 6 meses, y nos haría la escritura.
En eso, dejamos pasar el tiempo y todo el mundo se olvidó de ese asunto. Hace un año, el Juez del pueblo vecino de aquí cerquita, vino dizque a secuestrar el lote. Como era día de trabajo, naidien se asomó por la Cancha y dicen que así ya quedó a cargo de un Secuestre, quien debía administrarla. Ese señor estuvo aquí una o dos veces y nos dijo que no se podía utilizar la Cancha.
Al principio nos asustamos y naidien jugaba allí. Pero después y viendo que el señor Secuestre no se apareció más, se siguió jugando no más. Pero ahora nos llegó este papel del Juzgado Civil de Ciudad Dormida, vea dotora (y me entregaron una hoja de papel que parecía haber pasado por las manos de cientos de personas, estaba casi rota y muy sucia).

Efectivamente el Juzgado que conocía el asunto le anunciaba a la Comunidad que la Cancha estaba Secuestrada y que sería vendida en Remate Público. Les pregunté por el documento que alguna vez firmaron con la propietaria y me respondieron:
-- Ese documento lo tenia don Exequiel, pero, se dá el caso, dotora, que resulta que los ratones se lo han comido, y no queda nadita de ese papel.
Tomé los datos del documento no muy limpio que me mostraron y les prometí ir al Juzgado a preguntar del asunto.

Cuando salimos a Ciudad Dormidad, lo primero que hice fué acercarme al Juzgado para averiguar el caso de la Cancha. Allí me pude dar cuenta que efectivamente ese lote estaba Secuestrado y sería vendido en Remate, porque su dueña, Doña Laura, debía un dinero, 1.100.000 pesos y como no había pagado ni capital ni intereses y no tenía otros bienes, el acreedor se pagaría con el producto del Remate.

Estudiado el caso, hablé telefónicamente con el abogado demandante, quien era al mismo tiempo el acreedor que había prestado el dinero a doña Laura, pero, solamente con escuchar su voz, me pareció una persona de lo más desagradable. Intenté convencerlo para que se hiciera un arreglo con la Junta que representaba a la Comunidad, pero el tipo no oyó razones, aún diciéndole que si seguía con el caso, se presentaría un problema de orden social. El estaba empeñado en que tenía que recuperar el dinero prestado, más los intereses por más de 5 años. En vista de esto, les comuniqué a los de la Junta, que lo único que se podría hacer, sería entrar al Remate y tratar de ganar el lote a buen precio. En consecuencia, debían empezar a buscar el dinero.

Pasó más de un año desde entonces y ningún miembro de la Junta se volvió a acercar a nuestra casa. Sin embargo, y como en todos los pueblos pequeños, la gente dice y hace comentarios, sean ciertos o inventados; así en esta ocasión decían que la Cancha ya estaba en venta y que posiblemente la comprarían para poner allí una procesadora de leche. Otros decían que allí se iba a construír un barrio con pequeñas casas. A nosotros nos sonaba horrible cualesquiera de estas propuestas.

Cuando pasámos por la Cancha, es muy lindo y típico ver a los hombres, viejos y jóvenes divertirse sanamente los sábados, domingos y días festivos. Generalmente hacen varios partidos y con jugadores de diversas veredas. Hay público, compuesto por niños, muchachas y hombres, que se sientan a cada lado de las porterías. Podemos ver a los vecinos conocidos, como Simón (el bobito), don Samuel con su enfermito y otros. Al frente de la Cancha, al otro lado de la carretera, una viejita ha instalado una venta de gaseosas y dulces. Se protege del sol con un plástico que sostiene con cuatro palos un poco débiles, lo que hace que este elegante parasol se mesa al ritmo del viento.

Viendo y viviendo estos bucólicos cuadros, nos preguntábamos, ¿cómo era posible que no se preocuparan en lo más mínimo, por un asunto que les concernía tan de cerca y era parte de sus vidas ? Pero hemos concluído, que las gentes de aquí son, diría yo, demasiado despreocupadas, llegando casi a la indolencia. Solamente se dan cuenta del problema cuando ya lo tienen encima y a veces ya no hay nada qué hacer.

Yo seguía visitando el Juzgado de Ciudad Dormida regularmente y así en el mes pasado, me enteré que se había fijado la fecha para el Remate. ¡En 30 días! Alarmada, llamé a los señores de la Junta y les expuse el hecho, sobre todo que se debía contar con el dinero en efectivo.
Al principio, me dijo don Florentino:
-- Sí dotora, nosotros conseguiremos ese dinero haciendo festivales y rifas.
Pasaron los días y no oíamos que se hubieran hecho ningún festival ni rifa. Entonces,muy preocupados, mi marido y yo, pues parecería que nosotros nos interesáramos más que ellos en sus asuntos; mandamos a llamar otra vez a los de la Junta para entregarles unas chapolas que Mateo, mi marido, sacó en su impresora, muy dicientes, alertando a la Comunidad, por la premura del Remate y que se quedarían sin su campo de juego, si no conseguían por lo menos 3 millones de pesos en el lapso de 15 días.

Fue así como se pellizcaron para hablar con el Alcalde de la cabecera del Municipio y exponerle el caso y comprometerlo para ayudarles. Mientras tanto, varios de los componentes de la Junta de Acción Comunal, han venido para hacerme consultas Jurídicas o Administrativas. Es decir que un caso de consulta, se multiplica por cinco.

Llegó el día y la hora del Remate. El Juzgado, situado en Ciudad Dormida en un segundo piso del edificio de Gobierno donde funciona casi toda la Rama Jurisdiccional, consta de dos salones, el primero es el Despacho del Juez, con su escritorio, biblioteca, mesa, sillas y teléfono. El cual nadie contesta cuando Su Señoría está ausente ya que deja su Despacho cerrado. La siguiente oficina es para el resto del personal, cinco en total, cada uno de los cuales tiene su escritorio y una vieja máquina de escribir. Ni la Secretaria cuenta con un ordenador. Sería demasiado lujo o tal vez demasiado despilfarro. Lo peor, es que todos los Juzgados de Ciudad Dormida son iguales, y tienen la mísma dotación.

Yo me presenté muy cumplida, y afortunadamente los de la Junta también. Estaban acompañados por dos Concejales, luego llegó el Alcalde, el Personero y un hijo de otro Concejal, que al parecer era abogado. De los dos Concejales, uno muy entrado en años, enjuto, luciendo su mejor traje y corbata me pareció conocido, y recordé en que en Santa Rosa lo había visto pasar algunas veces por la carretera, no muy elegante; con camisa y pantalones manchados y rotos y con grandes botas pantaneras, llevando en su espalda un enorme atado de hierba para cuyes. Estaba tan distinto que me costó trabajo reconocerlo. Además el traje de ciudad lo hacía ver más pequeño y delgado. Se acercó y comenzó a hablarme así:
-- Vea mi doctora este caso es totalmente nulo, porque ese lote era de los terrenos que pertenecían a los Resguardos indígenas hace muchísimos años. No hay porqué preocuparse.
Quería seguir comentando cómo fueron expropiados nuestros pobres indios de sus tierras, pero afortunadamente, intervino el hijo del Concejal, que efectivamente era abogado, pues le explicó que todo estaba en regla desgraciadamente.

Llegaron luego dos señores, quienes ya habían consignado el 20 por ciento del avalúo, que les deba derecho a entrar en el negocio del Remate. Cuando los ví, me dije: Tengo que hacer algo. Me acerqué a ellos y les pregunté si iban a hacer Postura. Contestaron afirmativamente, por lo que les dije:
-- Yo les aconsejo no meterse en este negocio. Pueden enterarse en el expediente que el lote es una Cancha de Fútbol y a quien compre ese bien, le va mal, ya que tendría que afrontar un grave problema con toda la comunidad.

Esto lo tuve que hacer fuera de la Oficina del Juzgado, pues la Secretaria me llamó la atención. Estos señores, se mostraron muy conscientes y luego de hablar con los Concejales y don Florentino, dijeron que no querían meterse en problemas y renunciaban a su empeño de entrar en el negocio.

Pero la cosa no quedó allí, porque luego apareció una mujer, trigueña y flaca, que se presentó como posible compradora. Le dije lo mísmo que a los anteriores, pero parecía que esta vez mi estrategia no funcionaba, porque aseguró que ella tenía el negocio de comprar bienes en Remate. Dijo haber comprado lotes aún en la zona donde opera la guerrilla y que no la intimidaba nadie. Yo pensé que íbamos a tener otro oponente, pero al parecer se convenció de mis palabras, porque se fue y no regresó más.

En ese momento nos llamaron al Despacho; iba a comenzar el Remate. Entraron el alcalde y el Personero. El primero se veía a leguas que era citadino. Muy limpio y muy bien puesto. De unos 47 años, un poco gordito y rosado, parecía un muñeco de jabón. El segundo se veía a leguas que era pueblerino, pero en su calidad de Personero, quería dar la impresión de ser una persona de la ciudad e instruida. Gordo, bajito, trigueño, más o menos de la misma edad del Alcalde, con bastante estómago, que sacaba un poco más cada vez que hablaba. Entró igualmente don Florentino, como presidente de la Junta de Acción Comunal y representante de la Comunidad de Santa Rosa, pero sin ninguna pretensión, contrastaba con el orgulloso Personero.

En ese momento apareció el abogado demandante. Mi intuición no me había traicionado, era efectivamente odioso, muy trigueño, bajito y gordo, con los pelos cortados casi a raz del cuero cabelludo, nos miraba como si él fuera el mejor gallo del gallinero, nos barría con la mirada. Empezó diciendo que necesitaba la Liquidación de su deuda con intereses y gastos hasta el presente. Buscó en el expediente sin encontrarla, y yo por echarle tierra, como se dice, le informé:
-- En el expediente está la Liquidación hasta el año 97.Y en este momento Ud. no puede pedir otra Liquidación.
Me miró como si quisiera desaparecerme o pulverizarme con su mirada. Pero el Juez corroboró lo que yo dije. Enseguida, el detestable abogado dijo que él ofrecía 2 millones de pesos por el lote. Aquí intervino don Florentino a quien lo tenían casi secuestrado el Personero y el abogado hijo de Concejal, para dictarle a la oreja cada palabra que debía decir. Ofreció 2 millones cincuenta mil.Entonces, el abogado demandante, subió su oferta a 3 millones de pesos.

Como la cosa se estaba poniendo color de hormiga, me acerqué al Alcalde y le dije algo que se me ocurrió en ese momento de desesperación; que dijera que él como representante del Municipio informaba que solicitaría la Expropiación del lote, porque se lo necesitaba para la Comunidad. Afortunadamente él me comprendió y así lo dijo.

El Juez también estuvo muy oportuno, tomando la palabra para decir:
-- Creo que las partes deben hablar extra Proceso, para que lleguen a un acuerdo, ya que este Remate, dada las características del bien, amerita un arreglo amigable.
En ese momento, el Juez que es chaparrito, casi cuadrado, con cara bonachona y un poco calvo, se agrandó ante mis ojos y lo ví lindo como un príncipe.

El abogado demandante que a estas alturas me parecía un sapo repugnante, viendo la actitud del Juez y lo dicho por el Alcalde, aceptó y todos salimos a hablar del negocio. En el pasillo, repitió lo que me dijera por teléfono :
-- Yo lo que necesito es el dinero que presté, con intereses hasta el día de hoy, más los gastos del Proceso, que puede subir a 4.500.000 pesos.
El Alcalde contestó lo que ya sabíamos todos los presentes; que ese lote era una Cancha de Fútbol. Agregando que siendo la Alcaldía quien aportaba el dinero, no podía subir más de los 2 millones cincuenta mil ofrecidos. Me tocó a mí corroborar esto y decirle que yo estaba colaborando en forma gratuita, ya que la Comuna y sus gentes eran muy pobres. El abogado no aceptaba los dos millones cincuenta mil.

En este estado de la discusión, el Personero, quien estaba que se las pelaba por hablar, dijo:
-- Mire mi doctor (dirigiéndose al demandante), yo como Personero, y viendo que ni el Municipio ni la Comunidad tienen más dinero, yo voy a darles de mi propio bolsillo, 250 mil pesos, para completar la suma de 2 millones 300 mil pesos. Y se tocaba el bolsillo del pantalón y sacaba no pecho sino estómago, sintiéndose muy importante, algo así como un héroe.

Y efectivamente todos quedamos atónitos, viendo ese gesto tan desprendido. Fue cuando dijimos a coro:
-- Si no acepta esta oferta, señor abogado, Ud. puede quedarse con el lote y sus consecuencias.
Nos miró y tomando una actitud de benevolencia, como para no quedar menos generoso que el Personero dijo:
-- Está bien, acepto.

Todos entramos muy contentos al Despacho y le informamos a Juez el acuerdo a que se había llegado, sintiendo que habíamos ganado una batalla en bien de la Comunidad.

Junio 1.999


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