Nouvelles du Petit Paradis en Colombie

La vie quotidienne dans le sud des Andes colombiennes

 

Lunita también escribe :

Tres hijas

Doña Romelia fue la primera cliente que se presentó ante nosotros, no solo para hacerme una consulta, sino, para que le llevara un caso de alimentos a la mayor de sus hijas. Tiene tres: María del Carmen, Cristina y Esperanza. La primera, hija natural de Doña Romelia, las otras dos, del matrimonio con Eulogio. Luego de saludar, me preguntó:
-- ¿Usted es la Dotora? ¿Usted podría hacer dar alimentos a mis nietos, los hijos de la María del Carmen?
Yo le respondí que me contara los hechos, para ver qué se podría hacer, y en todo caso, sería el Fiscal o en su defecto el Juez de Familia quien ordenaría los alimentos. Ella empezó así:
-- La María del Carmen quedó con dos niños, un niño y una niña. El papá de los niños no les pasa nadita para la alimentación ni vestuario, y los niños tienen 4 y 3 añitos, y este hombre desalmado, dicen que ahora se ha casado. El trabaja en Ciudad Dormida, en una droguería como mensajero, pero gana muy bien, gana el mínimo.

Me causó un poco de curiosidad esta mujercita de unos 55 o 60 años, menuda, de no más de 1,30 de estatura, trigueña, de tipo aindiado: nariz aguileña, pelo negro recogido en una sola trenza en la nuca, que se había puesto su mejor traje y pañolón para venir a consultarme. Le dije que quería hablar directamente con María del Carmen para hacerme cargo del caso.

Ella vino a la casa. Es una muchacha de 28 años, pero como es pequeñita y delgada, no representa más de 20. Bastante arreglada y limpia, trigueña, de ojos oscuros y cabello negro que recoge en una cola de caballo. Es de las muchachas más simpáticas que hemos visto, ya que las otras, son por lo general bastante descuidadas en su vestuario y persona y no muy limpias que se diga.

Me contó lo siguiente:
-- El Leonel, el papá de los niños estuvo conmigo como tres años. Nos íbamos a casar, pero su mamá no me quería. Decía que quería otra muchacha mejor para su hijo. Entonces él se fue a trabajar a Ciudad Dormida y allá se consiguió otra y tienen un niño. Ahora dicen que se va a casar. El no me da nada para los niños, ni siquiera el subsidio familiar, que lo recibe y se lo gasta. Figúrese, Doctora, (ella si pronuncia correctamente esta palabra, estuvo en la escuela algunos años) que esta abuela, cuando mis niños la ven y se arrodillan delante de ella para pedirle la bendición, ni los mira y les dice entre dientes: "Que Dios los bendiga", pero de mala gana.

En ese momento recordé lo que me contaban varias muchachas del pueblo, que tienen niños no reconocidos; que la peor enemiga para los pequeños es su propia abuela paterna, que influye para que el papá no se ocupe de sus hijos. Verdaderamente aquí las abuelas son muy feas. Y cabe un dicho de antaño que dice "Hijo de mi hija: mi nieto será; hijo de mi hijo: en duda estará". Pero uno cree que esos sentimientos están ya superados, pero no, aquí siguen vigentes.

Pedí a María del Carmen la dirección y teléfono donde trabaja Leonel, para intentar un arreglo amigable en cuanto a la cuota alimentaria. Efectivamente, cuando salimos a Ciudad Dormida, llamé al famoso Leonel. Tuve que hacer varias llamadas, pues en su condición de mensajero no era fácil encontrarlo en el establecimiento. Me presenté como abogada de María del Carmen, para reclamar los alimentos de los niños. En un principio se asustó y convino en hablar inmediatamente conmigo. Fue a verme, hablamos y llegamos a un acuerdo: que pasaría $ 30.000 pesos todos los meses, más el subsidio familiar que él estaba recibiendo sin dárselos a sus hijos.

Al despedirse, le entregué una tarjeta mía, que no tenía el membrete de abogada, sino de diplomática, el cual yo había tachado muy pulcramente y en su lugar había agregado "Abogada", a mano. Esto dio pié para que el hombre creyera que yo no era abogada, que era una impostora, porque al día siguiente llamó a decir que no quería ningún arreglo, que la madre de él hablaría del asunto con María del Carmen. En seguida mandé a imprimir mis tarjetas profesionales.

Cuando volvimos a nuestro "Pequeño Paraíso", vino Romelia y su hija, quien casi llorando me contó:
-- Esa vieja, la mamá del Leonel me llamó ayer y me insultó feísimo, ¡qué fue lo que no me dijo! Entre otras cosas, que su hijo no les daría ni un centavo a esos "culicagados", que él no tenía por qué trabajar para mí y los niños. Romelia terció diciendo:
-- Que agradezca la vieja h.p. que no tocó a mi hija, porque si llega a tocarle un pelo, yo la arrastro y barro con ella el piso.
Les dije que no se preocuparan, que si las cosas no se pudieron hacer amigablemente, tendríamos que recurrir a la ley.

Efectivamente hice a nombre de María del Carmen una denuncia penal por Inasistencia Alimentaria. Esta denuncia se presentó en Ciudad Dormida, ante la Fiscalía de Reparto. Pasó alrededor de un mes y la denuncia no llegaba al pueblo cercano, donde por competencia correspondía. Así que regresé a la Oficina de Reparto y tuve casi que pelear con los empleados y presentarles la copia de la denuncia que ellos habían firmado, para que la buscaran y la encontraron muy quietecita encima de un anaquel, de donde no la habían movido desde que la presenté. En ese momento, los empleados empezaron a culpabilizarse el uno con la otra, sin saber quién era el responsable. En vista de tamaño error y pérdida de tiempo, pedí mis papeles y los envié por correo, no sin antes hablar a la Oficina del pueblo donde llegarían, quienes me autorizaron a enviarlos.

Solo así se pudo dar curso al Proceso. En primer lugar, llamaron a María del Carmen como denunciante y su madre como testigo, además del sindicado Leonel, con quien tendría lugar un careo. En vista de que María del Carmen estaba muy nerviosa, decidimos con Mateo, mi marido, acompañarlas, las llevaríamos en nuestro carro, y de regreso aprovecharíamos para comprar panela que por esos lados es muy buena. Las diligencias se llevaron a cabo bastante bien, hasta que llegó la hora del Careo.

Yo estaba presente como abogada de Parte Civil, nombrada por María del Carmen. El tal Leonel nos miraba furibundo. Había hecho el viaje de 40 kilómetros por una carretera la mitad destapada, en bicicleta, y solicitando permiso en la empresa donde trabaja. Lo primero que dijo el tipo fue que María del Carmen era quien siempre lo había buscado. El Fiscal le preguntó si él había reconocido legalmente a los niños, ya que eso era lo que contaba. A esta pregunta, Leonel respondió:
-- Si, yo reconocí a los niños de puro bobo, porque de la chiquita por ejemplo yo no estoy seguro de que sea mía. Para esos tiempos yo solo hice el amor con la María del Carmen una sola vez y no creo que con solo una vecita ella ya quedara embarazada.
Quería seguir hablando de sus intimidades, naturalmente culpando de todo a la madre de sus hijos, pero el Fiscal dijo que ese no era ni el caso ni el punto a debatir.

Tras muchos forcejeos y hasta groserías por parte del sindicado, que el Fiscal debía frenar, se llegó a un acuerdo. Pagaría $ 40.000 pesos mensuales, más los subsidios que recibía a nombre de los niños. Se dejó constancia que los dineros debía consignarlos en una cuenta de ahorros que yo le haría abrir a María del Carmen. Así se hizo y afortunadamente el demandado padre ha seguido depositando cumplidamente. Un mes que se atrasó, le envié una carta poniéndole de presente que si no cumplía voluntariamente, la Fiscalía ordenaría a la Pagaduría de la empresa que depositara directamente las mesadas. Esto sirvió enormemente. No se ha vuelto a atrasar. Este es uno de los casos, en el que trabajé mucho, pero se ven los frutos.

Cristina, la otra hija de Doña Romelia, un poco más alta que María del Carmen, más blanca y también un poco más robusta, tuvo que ver con nosotros a raíz que nuestro vecino el médico Rodolfo y su esposa, nos suplicaron les ayudáramos a conseguir una empleada para el servicio doméstico. Como para ese entonces Doña Romelia venía frecuentemente a traerme hierba para los cuyes, le pregunté si alguna de sus hijas quisiera trabajar en Ciudad Dormida. Me dijo que les preguntaría, pues María del Carmen con sus dos niños no podía. La menor, Esperanza estaba aún en el colegio estudiando bachillerato, pero Cristina, quien tiene una niña de 5 años, podría ser, ya que el padre de la menor quien no la ha reconocido, se fue al Valle y no se acuerda de ella.

A Cristina le interesó la propuesta, sobre todo por ser bien pagada y tener la posibilidad de venir cada 15 días a visitar a su hija y su familia. Se arregló todo y fuimos con nuestros vecinos a traer a Cristina y la llevaron a Ciudad Dormida. Eso pasó el domingo, pero cual no sería mi sorpresa cuando el jueves, Doña Romelia me dijo que su hija Cristina había regresado ese día. Porque el fin de semana los patrones saldrían de la ciudad y ella debía quedarse sola en la casa y le daba miedo.

Luego, comentando con nuestro mayordomo Rafael, que está al tanto de todo, nos dijo:
-- Yo si sabía que esa muchacha no pararía en la ciudad, ni donde el doctor ni en ninguna parte, porque ella está enoviada.
Fue así que Cristina volvió a su casa, a su familia, a su hija y a su novio, de quien en este momento espera un hijo. La vimos en días pasados y parece muy contenta con su destino de madre soltera por segunda vez.

Ahora hablemos de Esperanza. Yo diría la "frustrada "Esperanza de Doña Romelia, porque la muchacha que cursaba el último año de bachillerato, al parecer era el orgullo y la esperanza de sus padres. Había logrado casi terminar el colegio y no tenía hijos como sus hermanas. Es la menor de ellas, la más bajita y la más parecida a su madre. Un día; de eso hace como tres meses, Doña Romelia no vino a dejar la hierba para los cuyes, ya que de voluntaria pasó a ser nuestra empleada; la contratamos, pagándole remuneración mensual por el trabajo que antes nos hacía gratuitamente, tal vez como agradecimiento por mis servicios como abogada de su hija.

Cuando vino Rafael, le pregunté, qué le pasaría a Doña Romelia que no había venido, a lo que me respondió:
-- La pobre está muy enferma, pasa lo siguiente, señora, que en el colegio descubrieron que Esperanza está embarazada y de 7 meses. Yo sé por mi nieta que estudia con ella. Resulta que esta muchacha se había estado ajustando la barriga todo este tiempo y por eso naidien se había dado cuenta del embarazo. Pero una muchacha la había visto en el baño y le fue a avisar a la Directora, y ella llamó a Doña Romelia. La muchacha al verse descubierta confesó que sí, que era de su novio. Doña Romelia que dizque no sabía que la Esperanza tenía novio, dizque se enfureció y cogió a la muchacha a golpes, pero se la quitaron y de la rabia le dio un ataque que dizque le duró hartísimo, que ya se estaban asustando porque no volvía. A la final volvió, pero que no quiere ver a su hija.

Le averigüé si él conocía al muchacho, el presunto padre, y me dijo:
-- Pues claro que casi todo el pueblo sabe que esas muchachas tienen novio y ellos entran a dormir todas las noches, pero parece que la única que no sabía era Doña Romelia. Porque ella y su marido duermen en la casa de al lado, es decir que los taitas duermen en una casa y las hijas con sus niños en otra. Así ellos no se dan cuenta quien entra por la noche.
Entonces comprendí todo. Ya que habíamos visto las casitas, una vieja y la otra nueva, a una distancia prudencial, sinceramente creí que en la casa vieja cocinaban comían y veían televisión y en la nueva dormía toda la familia, pero nunca me imaginé que las muchachas tenían la noche libre para ellas y sus novios. Al saber esto, me preguntaba, porqué tanta alharaca de Doña Romelia, si debía imaginarse que sus angelitas no dormían solas.

Al presente siguen las tres hijas de Doña Romelia durmiendo en la casita nueva; María del Carmen con sus dos hijos, Cristina con su hija y esperando el otro para dentro de poco tiempo. Esperanza dejó el colegio y está dedicada a criar a su niño. Las siguen visitando sus novios, amparados por la noche oscura.

Las hijas de Doña Romelia son un claro ejemplo del destino que tienen las muchachas de Santa Rosa : madres solteras de uno, dos y hasta tres niños de padres diferentes que generalmente no reconocen al hijo, o si lo hacen, despues se olvidan de ellos. Es un problema social que nos ha preocupado desde que llegamos y me bombardearon con sus problemas de Inasistencia Alimentaria. Muchos logré conciliar amigablemente, otros judicialmente, pero también hay casos en los que nada se puede hacer, debido a las precarias condiciones del padre, sin trabajo y sin tener en que caer muerto.

Creemos que una de las principales causas de este fenómeno es la falta de una educación sexual integral.

Julio - Agosto 1.999


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