Nouvelles du Petit Paradis en Colombie
La vie quotidienne dans le sud des Andes colombiennes
Lunita también escribe :Tres hijas
Doña Romelia fue la primera cliente que se presentó ante nosotros, no solo para hacerme una consulta, sino, para que le llevara un caso de alimentos a la mayor de sus hijas. Tiene tres: María del Carmen, Cristina y Esperanza. La primera, hija natural de Doña Romelia, las otras dos, del matrimonio con Eulogio. Luego de saludar, me preguntó: Me causó un poco de curiosidad esta mujercita de unos 55 o 60 años, menuda, de no más de 1,30 de estatura, trigueña, de tipo aindiado: nariz aguileña, pelo negro recogido en una sola trenza en la nuca, que se había puesto su mejor traje y pañolón para venir a consultarme. Le dije que quería hablar directamente con María del Carmen para hacerme cargo del caso. Ella vino a la casa. Es una muchacha de 28 años, pero como es pequeñita y delgada, no representa más de 20. Bastante arreglada y limpia, trigueña, de ojos oscuros y cabello negro que recoge en una cola de caballo. Es de las muchachas más simpáticas que hemos visto, ya que las otras, son por lo general bastante descuidadas en su vestuario y persona y no muy limpias que se diga.
Me contó lo siguiente: En ese momento recordé lo que me contaban varias muchachas del pueblo, que tienen niños no reconocidos; que la peor enemiga para los pequeños es su propia abuela paterna, que influye para que el papá no se ocupe de sus hijos. Verdaderamente aquí las abuelas son muy feas. Y cabe un dicho de antaño que dice "Hijo de mi hija: mi nieto será; hijo de mi hijo: en duda estará". Pero uno cree que esos sentimientos están ya superados, pero no, aquí siguen vigentes. Pedí a María del Carmen la dirección y teléfono donde trabaja Leonel, para intentar un arreglo amigable en cuanto a la cuota alimentaria. Efectivamente, cuando salimos a Ciudad Dormida, llamé al famoso Leonel. Tuve que hacer varias llamadas, pues en su condición de mensajero no era fácil encontrarlo en el establecimiento. Me presenté como abogada de María del Carmen, para reclamar los alimentos de los niños. En un principio se asustó y convino en hablar inmediatamente conmigo. Fue a verme, hablamos y llegamos a un acuerdo: que pasaría $ 30.000 pesos todos los meses, más el subsidio familiar que él estaba recibiendo sin dárselos a sus hijos. Al despedirse, le entregué una tarjeta mía, que no tenía el membrete de abogada, sino de diplomática, el cual yo había tachado muy pulcramente y en su lugar había agregado "Abogada", a mano. Esto dio pié para que el hombre creyera que yo no era abogada, que era una impostora, porque al día siguiente llamó a decir que no quería ningún arreglo, que la madre de él hablaría del asunto con María del Carmen. En seguida mandé a imprimir mis tarjetas profesionales.
Cuando volvimos a nuestro "Pequeño Paraíso", vino Romelia y su hija, quien casi llorando me contó: Efectivamente hice a nombre de María del Carmen una denuncia penal por Inasistencia Alimentaria. Esta denuncia se presentó en Ciudad Dormida, ante la Fiscalía de Reparto. Pasó alrededor de un mes y la denuncia no llegaba al pueblo cercano, donde por competencia correspondía. Así que regresé a la Oficina de Reparto y tuve casi que pelear con los empleados y presentarles la copia de la denuncia que ellos habían firmado, para que la buscaran y la encontraron muy quietecita encima de un anaquel, de donde no la habían movido desde que la presenté. En ese momento, los empleados empezaron a culpabilizarse el uno con la otra, sin saber quién era el responsable. En vista de tamaño error y pérdida de tiempo, pedí mis papeles y los envié por correo, no sin antes hablar a la Oficina del pueblo donde llegarían, quienes me autorizaron a enviarlos. Solo así se pudo dar curso al Proceso. En primer lugar, llamaron a María del Carmen como denunciante y su madre como testigo, además del sindicado Leonel, con quien tendría lugar un careo. En vista de que María del Carmen estaba muy nerviosa, decidimos con Mateo, mi marido, acompañarlas, las llevaríamos en nuestro carro, y de regreso aprovecharíamos para comprar panela que por esos lados es muy buena. Las diligencias se llevaron a cabo bastante bien, hasta que llegó la hora del Careo.
Yo estaba presente como abogada de Parte Civil, nombrada por María del Carmen. El tal Leonel nos miraba furibundo. Había hecho el viaje de 40 kilómetros por una carretera la mitad destapada, en bicicleta, y solicitando permiso en la empresa donde trabaja. Lo primero que dijo el tipo fue que María del Carmen era quien siempre lo había buscado. El Fiscal le preguntó si él había reconocido legalmente a los niños, ya que eso era lo que contaba. A esta pregunta, Leonel respondió: Tras muchos forcejeos y hasta groserías por parte del sindicado, que el Fiscal debía frenar, se llegó a un acuerdo. Pagaría $ 40.000 pesos mensuales, más los subsidios que recibía a nombre de los niños. Se dejó constancia que los dineros debía consignarlos en una cuenta de ahorros que yo le haría abrir a María del Carmen. Así se hizo y afortunadamente el demandado padre ha seguido depositando cumplidamente. Un mes que se atrasó, le envié una carta poniéndole de presente que si no cumplía voluntariamente, la Fiscalía ordenaría a la Pagaduría de la empresa que depositara directamente las mesadas. Esto sirvió enormemente. No se ha vuelto a atrasar. Este es uno de los casos, en el que trabajé mucho, pero se ven los frutos. Cristina, la otra hija de Doña Romelia, un poco más alta que María del Carmen, más blanca y también un poco más robusta, tuvo que ver con nosotros a raíz que nuestro vecino el médico Rodolfo y su esposa, nos suplicaron les ayudáramos a conseguir una empleada para el servicio doméstico. Como para ese entonces Doña Romelia venía frecuentemente a traerme hierba para los cuyes, le pregunté si alguna de sus hijas quisiera trabajar en Ciudad Dormida. Me dijo que les preguntaría, pues María del Carmen con sus dos niños no podía. La menor, Esperanza estaba aún en el colegio estudiando bachillerato, pero Cristina, quien tiene una niña de 5 años, podría ser, ya que el padre de la menor quien no la ha reconocido, se fue al Valle y no se acuerda de ella. A Cristina le interesó la propuesta, sobre todo por ser bien pagada y tener la posibilidad de venir cada 15 días a visitar a su hija y su familia. Se arregló todo y fuimos con nuestros vecinos a traer a Cristina y la llevaron a Ciudad Dormida. Eso pasó el domingo, pero cual no sería mi sorpresa cuando el jueves, Doña Romelia me dijo que su hija Cristina había regresado ese día. Porque el fin de semana los patrones saldrían de la ciudad y ella debía quedarse sola en la casa y le daba miedo.
Luego, comentando con nuestro mayordomo Rafael, que está al tanto de todo, nos dijo: Ahora hablemos de Esperanza. Yo diría la "frustrada "Esperanza de Doña Romelia, porque la muchacha que cursaba el último año de bachillerato, al parecer era el orgullo y la esperanza de sus padres. Había logrado casi terminar el colegio y no tenía hijos como sus hermanas. Es la menor de ellas, la más bajita y la más parecida a su madre. Un día; de eso hace como tres meses, Doña Romelia no vino a dejar la hierba para los cuyes, ya que de voluntaria pasó a ser nuestra empleada; la contratamos, pagándole remuneración mensual por el trabajo que antes nos hacía gratuitamente, tal vez como agradecimiento por mis servicios como abogada de su hija.
Cuando vino Rafael, le pregunté, qué le pasaría a Doña Romelia que no había venido, a lo que me respondió:
Le averigüé si él conocía al muchacho, el presunto padre, y me dijo: Al presente siguen las tres hijas de Doña Romelia durmiendo en la casita nueva; María del Carmen con sus dos hijos, Cristina con su hija y esperando el otro para dentro de poco tiempo. Esperanza dejó el colegio y está dedicada a criar a su niño. Las siguen visitando sus novios, amparados por la noche oscura. Las hijas de Doña Romelia son un claro ejemplo del destino que tienen las muchachas de Santa Rosa : madres solteras de uno, dos y hasta tres niños de padres diferentes que generalmente no reconocen al hijo, o si lo hacen, despues se olvidan de ellos. Es un problema social que nos ha preocupado desde que llegamos y me bombardearon con sus problemas de Inasistencia Alimentaria. Muchos logré conciliar amigablemente, otros judicialmente, pero también hay casos en los que nada se puede hacer, debido a las precarias condiciones del padre, sin trabajo y sin tener en que caer muerto. Creemos que una de las principales causas de este fenómeno es la falta de una educación sexual integral. Julio - Agosto 1.999 |