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Don Samuel II: Calvario burocrático
Hace largo rato que escribí sobre Don Samuel. El tiempo pasa y se desliza como agua entre los dedos, y no nos damos cuenta. En este caso por el contrario, el tiempo era mi mayor desafío para lograr que este viejito tan especial y su hijo incapacitado pudieran tener por lo menos estabilidad en su vivienda y algo con qué cubrir sus necesidades básicas como la comida y logicamente una silla de ruedas que permitiera a Don Samuel trasladarse con su hijo sin llevarlo sobre su espalda. Y aunque todo mundo nos decía que era casi imposible lograr que nos dieran ésto último, paradójicamente fué la silla de ruedas lo primero que conseguimos, claro que con mil y una dificultad y poniedo a prueba mi gran capacidad de tenacidad que como hija de Tauro me sirve mucho unas veces, aunque otras me acarrea problemas por ser una persona muy testaruda. Pero en este caso tan tenaz, era supremamente necesario una persona así.
Para lograr la silla, nos dirigimos a la Alcaldía de Villa Flor, la cabecera del Municipio al que pertenece Santa Rosa; donde nos dijeron que por el momento, no había recursos, para esa clase de ayudas. Lo que sí logramos fué inscribir a Don Samuel y a su hijo en el programa de la Red de Solidaridad "Revivir", que presta alguna ayuda a los ancianos. Les dan un pequeño mercado cada mes. Al comienzo no querían aceptarlo porque Don Samuel aún no cumple 70 años, y el programa según dicen es para mayores de esa edad. Afortunadamente logramos que a causa del incapacitado lo incluyeran, y hasta ahora sigue recibiendo su mercado mensual, aunque a veces tarde un poco o mucho. Pero él espera con ansiedad esa ayuda.
Siguiendo con lo de la silla, nos dirigimos entonces a la Alcaldía de Ciudad Dormida, alli nos dijeron que el organísmo que se ocupaba de esos casos era la Secretaría de Salud. Para lograr cierto acercamiento con esta dependencia, debíamos tener una palanca, por eso pedímos el favor de hablar por nosotros a otro Secretario de la mísma Alcaldía, el Doctor Alvaro, a quien nosotros conocíamos y sabíamos era muy sensible a los problemas sociales. Fué así como esta bella persona habló con la señora Secretaria de Salud, le planteó el problema y la necesidad de la silla, además me consiguió una cita con ella.
Asistí puntualmente, pero, al entrar en su oficina me sentí muy tonta, llevando un problema sin ninguna importancia, para esta mujer demasiado ocupada, que me concedía unos pocos minutos, sin embargo, presentándole mi tarjeta de abogada y contándole un poco lo que hacíamos en Santa Rosa,ví en sus ojos un destello de admiración, que me dió coraje para casi exigir la dichosa silla para nuestro vecino. La señora Secretaria me dijo que había hecho algunas averiguaciones (estoy convencida que gracias a nuestra palanca) y que precisamente había una silla nueva en esa secretaría de Salud, pero el inconveniente consistía en que el incapacitado recidía en otro Municipìo, pero que se podría obviar si una Institución la pedía y nos la cedía.
Nuestro amigo Alvaro que se había solidarizado con nuestra causa, buscó la Institución precisa, una gerenciada por la esposa del Alcalde de Ciudad Dormida, con quien también nos consiguió cita. Esta señora, menuda, con unos tacones de miedo, me dió buena impresión y nuevamente conté nuestra historia y la de nuestro vecino y su hijo incapacitado. (Olvidé decir un dato muy importante: a toda persona que he tenido que visitar en pro de Don Samuel, he llevado unas fotos que tomamos de su casa, de su hijo y del padre cargando a la espalda al incapáz.) Creo que ésto ha sido muy efectivo para mover los corazones de la gente que nunca piensa que hay personas tan necesitadas. Estoy convencida que estas fotos son como una ventana por la que se asoman a ver lo que no quieren ver, la pobreza, la miseria física y económica. La Primera Dama del Municipìo me prometió hacer lo necesario para obtener la silla y entregárnosla. Pero pasó el tiempo, alrededor de cinco meses y cada vez que llamaba, (lo hacía todas las semanas), me informaban que la dama no se encontraba en su oficina, por eso opté por ganárme a su secretaria y ponerla al corriente de mi caso contándole la historia, esta vez por teléfono.
La nueva palanca, aunque pequeñita, dió resultado, al poco tiempo me llamó para informarme que la silla estaba lista, pero que la Primera Dama del Municipio quería hacer un acto en el que nos entregaría la silla, con mucha pompa creo yo. Me puse furiosa y sin ningún miramiento mandé decir a la menuda Primera Dama del Municipio, que mi intención era hacer una obra social, pero sin pantallazo. Esto también dió resultado y la secretaria me llamó para decirme que podíamos pasar a recoger la silla. Fuimos con Mateo mi marido y recogimos nuestro trofeo sin ningún problema y sin tener que firmar ningún papel, cosa que nos pareció sorprendente. Cuando le entregamos la silla, Don Samuel no podía creer lo que veían sus ojos y la tocaba y retocaba casi con veneraciòn, por su parte el enfermito gritaba y miraba la silla como queriendo volar a ella,creo que sabía en su demencia, que habíamos traído algo para él.
En este episodio tan pequeño pudimos constatar que en todas partes, la Administracion está llena de trámites y vericuetos burocráticos que hacen que algo tan simple se vuelva una odisea. En total desde que comenzamos nuestras gestiones por la dichosa silla transcurrieron ocho largos meses, pero tuvo un final felíz.
Esto fué en el plano Administrativo, porque en lo Judicial, con referencia a la posesión de la casita y la mitad del terreno, de Don Samuel, es otra historia mucho más penosa y difícil que la anterior. Para poder comenzar el Proceso, debía en primer lugar hacer que Don Samuel reconociera legalmente a su hijo,aunque él decía:
-- Pero dotora, si todo el mundo sabe que el enfermito es hijo mío y de la finada Rosa.
Fue necesario explicarle que antes de todo él debía hacer el reconocimiento legal de su hijo. Así que llevamos a Don Samuel a Villa Flor, donde queda la Registraduría, pero resulta que encontramos esta dependencia cerrada, preguntamos el motivo, y la secretaria del Registrador apareció y con cara muy compungida nos informó que el señor Registrador se encontraba en Ciudad Dormida y que no vendría en este día, además que las llaves de la Oficina que ella manejaba, las había dejado dentro. Sin embargo, y en un gesto de buena voluntad, intentó entrar al inmueble por una pequeña ventana de la casa vecina, primero ella y luego envió por un niño que nunca llegó, y así después de numerosos intentos fallidos por penetrar a la Oficina, optamos por volver al día siguiente.
Así fué y contando por enésima vez la historia, nos hicieron rápidamente el Registro de Reconocimiento de Don Samuel para con su hijo y además pagando la tercera parte de lo normal. Con este papel creí que podría iniciar enseguida el Proceso, pero resulta que, como el incapáz es mayor de edad, debía primero iniciar un Proceso de Interdicción por demencia, solicitando que el Juez nombrara a Don Samuel como su Representante Legal. Para que este asunto caminara, yo iba todas las semanas al Juzgado de Familia a preguntar por el caso, y hasta nos tocó llevar al enfermito a las dependencias de Medicina Legal de Ciudad Dormida, donde darían el concepto de Incapacidad total de Mauricio. De Santa Rosa lo trajo Don Samuel y nosotros los recogimos en la terminal de buses.
Era todo un espectáculo, ver a Don Samuel preocupado arropando a cada instante a su hijo, como si fuera un bebé que se podría resfriar, y éste mirando a todos lados con aire de terror, ya que era la primera vez que salía de su pueblo, que viajaba en bus y luego en nuestro campero. Habíamos dicho a Don Samuel que se hiciera acompañar por nuestro mayordomo Rafael, pero él, además había traído al hijo de doña Rosario, a Simón (el bobito), Don Samuel traía entre un talego una vasinilla para que Mauricio hiciera pipí y la que le acercaba cada cierto tiempo.
Esta vez no tuvimos palanca que valiera, y el médico que lo iba a auscultar y con el que teníamos cita a las 8 de la mañana, llegó a las 11. Pasamos tres horas inteminables, para luego esperar otra hora que se tomó el galeno para dar su veredicto. Salimos de allí a toda velocidad, ya que el bus de regreso a Santa Rosa partía a las 12 y media. En el terminal les compré pan y gaseosas para todos y leche para el enfermito.
Este episodio nos dejó exhaustos, como si hubiéramos sido nosotros y no el campero quienes habíamos cargado al incapáz. El dichoso médico se tomó igualmente su tiempo para enviar el concepto al Juzgado. Pero una vez llegado, pude solicitar se diera curso al Proceso lo más rápidamente posible. Sin embargo demoró bastante, pues era preciso que también el Tribunal confirmara la Sentencia dictada por el Juzgado de Familia.
Ya con esta Sentencia en mis manos, que daba pleno derecho a Don Samuel para actuar como representante legal del incapaz, comenzaría el verdadero Proceso de Sucesión que me llevó alrededor de diez meses y me dejó física y económicamente en la ruina, ya que yo corrí con todos los gastos. Sin embargo siento gran satisfacción.
Fué tan largo y largo todo esto, que hasta escribirlo me causa malestar, pero no, no puedo quejarme porque hace 15 días por fín recibí la escritura que declaraba heredero de la mitad del lote a Mauricio, quien comparece en todo representado legalmente por su padre Don Samuel. Con estos papeles en nuestro poder, fuimos donde nuestro vecino a felicitarlo por ser propietario del 50 por ciento del terreno y del cual ya no pueden sacarlo, ni la propietaria de la otra mitad, ni las sobrinas de Mauricio.
Afortunadamente el día amaneció con sol, cosa rara en estos últimos tiempos en que las lluvias no cesan, llueve como si las nubes quisieran descargar toda el agua acumulada durante años. Dije a mi marido que debíamos llevar una botella de vino para brindar con Don Samuel, invitamos a dos vecinos y brindamos por los nuevos propietarios. Don Samuel miraba y miraba los papeles encantado, pero poco a poco fué tomando un aire de tranquilidad asombroso.
El, que desde hacía algún tiempo, cuando la propietaria de la otra mitad del lote le había dicho que tenía que salir o que lo expulsaba con la policía, desde entonces,se veía disminuído y con una preocupación constante, pensaba que de un momento a otro lo podian sacar de su humilde rancho. Sin embargo queda aún la partición del lote. Veremos cómo se desarrolla este nuevo acontecimiento, que espero en todo caso no sea tan largo como los anteriores.
Al salir del ranchito de Don Samuel y ver la primera casita de la entrada, en ladrillo y que tambien pertenece al lote, creí que ésta me sonreía coqueta, con su pequeño jardín de flores, y pensé que seria lindo poder instalar a Don Samuel y su hijo en esta casita antes de iniciar la particion, para que cuando ésta se iniciara, él ya estuviera posesionado de este lugar tan decente. Y dá la casualidad que al día siguiente vino Don Samuel a decirnos que la familia que ocupaba ese pequeño inmueble lo iban a desocupar, pero que no querian entregarle las llaves a él, sino a las sobrinas de Mauricio.
Ahora, debo confesar, que por penoso y largo que fué este caso, yo sentía cada vez que había una dificultad, que nuevas energías positivas me invadían y me daban valor para seguir y seguir. Así, ahora que he llegando al fín o casi al fín del caso, me siento muy bien, con una paz interior luminosa, y estoy agradecida a Don Samuel y su hijo que me dieron la oportunidad de hacer algo por los otros.
Abril del 2.000
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